LA MADA (Magdalena Edith Carrillo Mendívil)
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“¡VAMOS AL TEATRO!”

La intensión inicial de la Mada no es hacer un estudio a profundidad sobre el teatro, su historia y sus características, la Mada solamente quiere hablar de la emoción que este puede provocar en personas que, sin un amplio conocimiento del mismo, van y se dejan llevar por el placer de observar, esas personas que se dan el lujo de disfrutar y participar. El teatro siempre invita a involucrarse, es uno de los mejores conversadores que he conocido, de hecho estas conversaciones pueden durar días, semanas y en algunas ocasiones años.
Quiero hablar de las sensaciones que nos provoca el “buen teatro”, aquí no pretendo mencionar el “circo”, como el circo de tres pistas, bueno cuatro, bueno cinco… que vimos por televisión el domingo 6 de mayo durante el debate, debo decir que me extraño y me pareció de muy mal gusto que no hubiese ningún agradecimiento para el circo Atayde Hnos., ya que los apoyaron con parte de su personal. ¡Qué lástima, hubiese sido lindo haber visto al menos la puesta en escena de Fuente Ovejuna!
Volviendo al punto hace unos quince días fui precisamente a ver una obra de teatro para niños. La verdad no se qué fue lo que más me divirtió, si la obra o los niños. La obra “Vikingos” era totalmente interactiva, los niños, participaron de principio a fin, paraditos en su lugar, opinaban, gritaban, brincaban, cuando hubo la mínima posibilidad de pasar al escenario todos gritaban: “¡yo, yo, yo!”. No había ningún tipo de inhibición, se dejaron llevar y envolver por la representación que sin grandes apoyos técnicos los llevaba a imaginar un dragón, una serpiente, un castillo, un terrible pulpo de peluche hasta las olas de un mar embravecido. Cuando menos lo pensé, yo también estaba gritando junto con ellos.
El poder del teatro hace que se despierten nuestras, a veces tan dormidas, imaginación y creatividad. Un solo actor y una silla pueden ser suficientes para recrear, en nuestra consciencia, varios personajes y varios escenarios, podemos llegar a oler, a escuchar y a ver todos aquellos olores, sonidos e imágenes que nos son transmitidas sin que estas existan en la realidad y sin embargo se presentan tan vivas y reales en nuestro imaginario, tanto así que podemos llegar a ser capaces de percibir lo que nuestros sentidos no pueden. Nuestro cerebro no necesita más información y no podemos correr el peligro de ser engañados por los sentidos. La verdad que se crea en nuestro interior es la verdad absoluta de lo que sucede en el escenario y no debería de ser sometida a juicio.
Para la Mada es inevitable estremecerse cuando se dan las tres llamadas previas a la función y sobre todo la maravillosa expresión: “esta es tercera llamada, tercera llamada, comenzamos”… Cierta emoción se genera detrás del telón y delante de él, pero en niveles diferentes, la adrenalina que se origina no es la misma, sin embargo, la de los espectadores tanto como la de los actores se quedan flotando en el ambiente hasta que ambas se funden formando una sola imagen con más de una cara y es entonces cuando la obra comienza a tomar forma, o más bien, formas, la que cada uno quiera darle. La intención inicial del escritor queda por momentos en suspenso, amorfa, indefinida hasta que es aniquilada por completo o rescatada toda o en partes.
Hay lugares que fueron hechos para hacer teatro, entonces, así, de repente y sin planearlo nos empiezan a envolver con sus historias. Hay plazas, casonas, haciendas, calles que se mueren por hacer evidente lo que han escuchado, todo aquello que sus protagonistas, sin saberlo, inocentemente les han confesado. Amores prohibidos, amores traviesos, amores que matan, intrigas crímenes, mentiras. Esos lugares tienen historias especiales para contar, verdades tan verdaderas que llegan a convertirse en rumores. Las historias triviales son fácilmente olvidadas, únicamente aquellas que son capaces de tenernos en un vilo pueden sobrevivir. Entonces el teatro de calle se convierte en ese médium que logra que los relatos se manifiesten y cobren vida, al menos por algunos minutos hasta que se desvanecen… algunos permanecen en el inconsciente colectivo o en el individual o tímidamente se vuelven a meter entre las piedras para seguir cuchicheando entre ellos, tristemente sin pena ni gloria.
El teatro puede impactar y convencer tanto que hasta se ha convertido en compañero de las muy variadas intenciones del hombre, tomando así matices educativos, partidistas, adoctrinadores, políticos, religiosos, ceremoniales, históricos, de protesta, perversos, cómicos, tenebrosos, sarcásticos, románticos…hasta llegar, con un suspiro que nos puede robar el aliento… al teatro erótico… ¡que maravilla, todo se vale en el teatro! y todo vale ser vivido en el teatro aún y en aquel que nos brinda la vida.
La Mada, hija putativa de Histrión, propone una segunda parte...
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