José de Jesús Reyes Ruiz
EL JOVEN FRENTE A LA POLÍTICA
Como joven Mexicano, cursando mi licenciatura en Ciencias Políticas soy alguien
extremadamente interesado en los andares de la política Mexicana, lo cual me
hace una minoría importante dentro de la juventud Zacatecana y Mexicana
mayoritariamente apolítica. La relación de lo que podemos llamar “política” y la
juventud en nuestro país, es, sin alguna duda, una relación marcada por apatía,
desinterés e incredulidad; sentires en alguna parte razonables y lógicos pero en
otra parte también peligrosos y dañinos para las dos partes de esta relación. La
juventud Mexicana en su desinterés y apatía es incapaz de influenciar a la
política para empujar sus propios intereses y a su vez la política Mexicana es
deficiente por la falta de participación de los jóvenes. Un país con jóvenes
poco participativos tiende a acarrear todo tipo de problemas, empezando por el
hecho de que sus políticas públicas son enfocadas, en su mayoría, a los sectores
demográficos que si participan (profesionistas, clase media-alta y sectores
gubernamentales) y por esta razón, en muchas ocasiones los jóvenes son olvidados
por los políticos gobernantes. Los temas de interés para la juventud (educación,
deporte, trabajo, desarrollo social) por ende son ignorados para el detrimento
no solo de los jóvenes sino también del país en general. Esto no es saludable de
ninguna manera y menos para un país como el nuestro; es cierto, como ya lo dije,
que esta omisión de la juventud en cualquier actividad política es lógica y
razonable por el estado deplorable de la política Mexicana pero a pesar de esto,
pienso que es necesario revertir esta tendencia y hacer de los jóvenes un grupo
político importante, participativo y que los políticos consideren cuando quieran
ser electos.
Mi primer argumento para involucrar a los jóvenes en la política es que tenemos
una concepción errónea de lo que es la política. Vemos a lo que llamamos
“política” en México como inherentemente atada al gobierno, a la corrupción
dominante que encontramos en él, a los partidos políticos decepcionantemente
similares en sus prácticas y en sus miembros, a las campañas despilfarradoras de
recursos y a otros de los tantos negativos de la “política” mexicana. Sin
embargo, tenemos que darnos cuenta que el término “política” va mucho más allá
que eso. La política está presente en todas partes y cubre, por definición, los
aspectos de todas y cualquier tipo de interacción social. Para encontrar
política, no es necesario ir al gobierno, basta con ver las relaciones de una
familia, una institución educativa o cualquier grupo de amigos para encontrar
como las personas tratan de hacer lo posible para obtener sus propios intereses
y satisfacer sus necesidades, ya sean individuales o de grupo. La distribución
de recursos en cualquier institución requieres de política para manipular este
proceso, el cual existe en todas las instituciones que podemos pensar (desde una
familia hasta un país). Es claro que desde la creación del estado moderno, la
política también es parte del gobierno y este último ha, de cierta manera,
monopolizado a los temas que hoyAñadir un evento para hoy en día denominamos
“política”; sin embargo, es importante mencionar que no debería de ser así. La
política forma parte de todas nuestras vidas diarias y no debemos de descartarla
como “grilla” de la cual formar parte no vale la pena.
En segundo término, debo de mencionar que aunque la política si forma parte de
lo que es el estado y el gobierno de este, deberíamos de verla más como una
herramienta que como un obstáculo para influenciar las decisiones del gobierno,
porque al final de cuentas esto es lo que es. Al hacer política, todos nosotros
podemos de maneras diversas afectar las decisiones gubernamentales que nos
afectan a todos. Un gran error de la juventud mexicana es pensar que “gane quien
gane” las cosas van a seguir siendo iguales y las decisiones que se tomen en el
gobierno no nos van a afectar. Este pensamiento es totalmente falso, ya que todo
lo que sucede en el gobierno, directa o indirectamente nos afecta a todos y las
decisiones que se toman en el congreso, en el poder ejecutivo o en las cortes de
justicia afectan nuestra forma de vida para bien y/o para mal, y debería de ser
nuestra responsabilidad hacer lo posible para influirlas y tratar de llevarlas
al mejor curso posible. Se nos olvida frecuentemente a todos los mexicanos, pero
más a los jóvenes, que nosotros somos los “soberanos” del país; es decir,
nosotros deberíamos de ser los que lo gobernamos y la única razón por la que
tenemos elecciones es para elegir a aquellos que nos representen, pero todo su
poder y soberanía emana del pueblo y de nadie más. En vez de ver a los políticos
como todo poderosos, deberíamos de verlos por lo que son, los empleados de la
gente que los eligió y la cual, según la propia constitución, los puede
destituir. A mucha gente en México le gusta decir que “el cambio está en
nosotros” y es absolutamente cierto pero solo si nos quitamos las flojeras,
dudas, desintereses o apatías que nos pueda causar la política.
Finalmente, la tercera razón por la cual nosotros los jóvenes nos debemos de
involucrar más en la política mexicana es porque hay pocos países que lo
necesiten más en una situación como la que estamos. Soy el primero en admitir
que el estado de la política mexicana es deplorable y vergonzoso, pero
precisamente por eso es que debemos, como ciudadanos responsables, hacer lo
posible para cambiarla y hacer una política diferente. ¿Cómo? Pues este 1ro de
Julio tenemos una oportunidad excepcional. Sí, en México, los negativos de la
política son muchos pero también tenemos algunos, aunque limitados, puntos
positivos. Tenemos la oportunidad de ejercer nuestro voto en elecciones
periódicas para elegir a nuestros gobernantes, privilegio que no existe en todo
el mundo y por el cual lucharon nuestros antepasados con sudor y sangre. Lo
mínimo que podemos hacer es respetar y honrar esa lucha al ir a votar de una
manera consciente, educada e informada y no dejar que la apatía nos gane al no
ir a votar y mucho menos dejar que pseudo políticos compren o manipulen nuestro
voto. Es cierto que las opciones son limitadas y a veces no las que desearíamos
los ciudadanos comunes y corrientes “apolíticos” como en ocasiones se denominan
algunos; pero es mi opinión que de cualquier manera debemos de cumplir con
nuestra responsabilidad de informarnos acerca de las propuestas e historias de
cada candidato y tomar una decisión partiendo de ahí, incluso aun votando por
“el menos peor” como en muchas ocasiones se nos ha obligado por la falta de
opciones reales.
Pero el ejercicio de nuestra democracia no termina ahí, aunque definitivamente
ahí debería de comenzar; tenemos que ir más allá y participar en varias formas
de democracia directa que nos rodean. Si el gobernante que los mexicanos elijan
en estas elecciones no cumple lo prometido o lleva al país en un rumbo no
deseado, tenemos que vociferar nuestra opinión y hacernos escuchar por los
gobernantes, los medios son varios y amplios: marchas, protestas, cartas y
llamadas a nuestros gobernantes, repudio en pláticas con amigos o familiares y
más importante que nada un voto de castigo en las próximas elecciones en contra
del partido al que el gobernante representa. Fueron muchos los inconformes con
la “guerra contra el narco” de Calderón pero no los suficientes se manifestaron
en su contra cuando se nos dio la oportunidad con la venida del “Movimiento por
la paz con justicia y dignidad” encabezado por Javier Sicilia. Un ejemplo más
actual es el de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) en la cual,
recientemente, hubo elecciones para rector. Aunque mi conocimiento es limitado
acerca del proceso electoral mencionado, conozco que hubo varias quejas
estudiantiles al respecto de que los maestros eran los que manipulaban a los
estudiantes para votar de una manera u otra y me parece increíble que los
estudiantes no puedan organizarse para crear una opción propia ya que en materia
de votos podrían vencer a cualquier opción magisterial. Sé que las cosas son más
complicadas pero estoy seguro que mucho de lo que falta es voluntad de influir
en la política de su propia institución educativa para hacer un verdadero
cambio.
Es una desgracia que en nuestro país, muchas veces los jóvenes recién cumplidos
los 18 años van por su credencial de elector pero más para que les vendan
bebidas alcohólicas o los dejen pasar a centros nocturnos que para ir a ejercer
su voto de una manera responsable. Lo único que nos queda es organizarnos (los
pocos interesados) y tratar de convencer a los demás (amigos, compañeros y
familiares) para comenzar a revertir esta tendencia del joven apático y
desinteresado por la política. Mantengo que estas elecciones son la oportunidad
idónea para hacer esto, la tarea empieza desde ahora al informarnos, educarnos
acerca de las opciones e ir a votar por quien más nos convenza; al final de
cuentas, el cambio debe de comenzar con nosotros.