Jaime Enríquez Félix
AMLO NO QUIERE GANAR
Cuando Andrés Manuel López Obrador iba a ser candidato al gobierno de la Ciudad
de México por el PRD, el líder moral de ese partido, cuidadosamente, nos pidió a
tres militantes hacerle la invitación de esa posibilidad. Era tabasqueño, de
Tabasco y no tenía credencial de elector del D.F.
La entonces diputada Adriana Luna Parra, el hoy presidente del Consejo del PRD
en el Estado de México, Anselmo García y un servidor, fuimos a Tabasco a cumplir
la encomienda. No sólo no aceptó, sino que se irritó por la propuesta.
Regresamos a la Ciudad de México, informamos y nuestro interlocutor señaló:
“Está bien lo que me informan. Ya lo convenceremos”. En dos semanas empezaba a
hacer precampaña para el gobierno de la Ciudad.
Quien lo había propuesto originalmente y de manera perversa un par de meses
antes, fue René Bejarano, con quien mantuvo siempre una excelente relación y con
quien le unen fuertes nexos a grado tal que, la única tribu que propuso que
pasaran las propuestas de AMLO en la Comisión Política Nacional, fue la que
encabeza Dolores Padierna. El resto de dirigentes dijo que sí, pero con cargo “a
tu grupo”, Desde luego, el hoy candidato presidencial no vio que se aceptara
ninguna de sus propuestas.
I. La encuesta del periódico Milenio del domingo 13 de mayo, señala a Peña Nieto
con el 44 por ciento de las preferencias electorales, a Josefina con 25, mismos
puntos que para Andrés Manuel. Sin considerar a quienes aún no han definido su
voto.
II. La citada encuesta, tomando en cuenta al total de los entrevistados, da a
Peña 34.6 por ciento, y a Josefina y AMLO 19.7 y 19.6 por ciento
respectivamente.
III. Si se considera el balance entre las opiniones positivas y negativas de los
entrevistados, Peña obtiene un +23, Vázquez Mota +20, López Obrador +4 y Quadri
+16.
IV. En la Ciudad de México, Mancera tiene el 57 por ciento de las preferencias
electorales, para Beatriz es el 26 por ciento y para Isabel Miranda de Wallace
el 14 por ciento.
V. Pasada una semana del debate entre los candidatos a la Presidencia de la
República, nada cambió. Todo sigue igual.
VI. Si pensamos como perredistas, hay que decir: “vamos arriba”, “se ganó el
debate”, “se siguen llenando las plazas”… pero no las urnas, “la historia está
con nosotros”, y otras frases que hoy suenan a una absoluta ingenuidad,
ignorancia y desinformación.
VII. AMLO llega al debate con una oportunidad de oro: subir en las encuestas.
Con el rostro cansado y asoleado, bofo, viejo en comparación con sus
contrincantes, usando un lenguaje común, empleando citas históricas muy
escuchadas, usando comparaciones ridículas.
VIII. AMLO salió peor que como entró: golpeó y lo golpearon.
IX. AMLO habla pausadamente, sin considerar que está en la televisión, donde en
cada segundo pasan cientos de “cuadros” en películas de acción. No tiene
lenguaje corporal, carece de entrenamiento. No posee un guión para convencer.
Usando un traje de 2 mil dólares, obsoleto sin embargo en su diseño. No es un
personaje de multimedios, y no se deja aconsejar.
X. AMLO sigue alentando y calentando a los que ya ha visitado muchas veces.
Sigue llenando plazas con el acarreo más primitivo. No parece pensar en llenar
las urnas ni en organizar estrategias modernas para custodiarlas.
XI. A AMLO no le gusta enfrentarse con nuevos auditorios. No le gusta la gente
que no lo admira. No le gusta lo desconocido. Cuando encuentra un orador mejor
que él, hasta la espalda da porque no lo tolera, incluso solicita que termine su
intervención.
XII. AMLO acusa a los de arriba de manipular a Peña Nieto. Pero él tiene su
“arriba”: a su amigo Bejarano, a su amiga Padierna, a los Chuchos, a los
Navarretes, al ex presidiario Dante Delgado y al político extraño en sus
hábitos, Ricardo Monreal.
XIII. Porque AMLO pactó con los de arriba. No los quitó de su propio partido. El
asunto es equiparable a lo que pasa en la casa de enfrente, la de Peña Nieto.
XIV. La vox pópuli dice que el candidato debió haber sido Marcelo Ebrard, más
agradable para el difícil voto perredista, trilingüe, con una imagen superior a
la de Peña Nieto. Otro gallo nos cantaría en este momento. El mismo Cuauhtémoc
fue una alternativa muy importante, que Andrés no sólo bloqueó sino golpeó.
XV. ¿Por qué AMLO no explica cómo va a bajar la luz, el agua y la gasolina? ¿Por
qué no dice cómo va a dar becas? ¿Subirá el IVA? O ¿solamente con sacudir
piernas arriba a los funcionarios, se derramará la riqueza de manera automática?
Esto es simplista, por decir lo menos.
XVI. Andrés NO QUIERE GANAR. Su liderazgo es testimonial. Quiere ser candidato
durante muchas veces, de un partido grande, chico o mediano o sin partido, si se
hace necesario, con tal de no bajarse de la pista de baile pero, como decían los
abuelos: “el que ya bailó, que descanse. Siguen otros que pueden hacerlo
también”.
AMLO no quiere ganar. Quiere competir. El PRD no quiere la Presidencia: prefiere
las plurinominales. El PT quiere sobrevivir, pues hoy hasta Nueva Alianza le va
a ganar, y el problema del Movimiento Convergencia es de ese estilo exactamente.
En la contienda del 2006, la representación de casillas fue aproximadamente de
65 por ciento. Las demás no se atendieron: se descuidaron. En virtud de que el
partido fue eliminado en los hechos, y el equipo de campaña se iba a hacer cargo
de la custodia en el conteo de los votos. Ellos no saben. No tienen la
disciplina. Carecen de la malicia que hace falta para esto. Ocurrirá lo mismo
esta vez. El equipo de AMLO concentra el dinero, pone los espectaculares donde
mejor le parece, llena las plazas, ignora a las dirigencias locales y, sobre
todo, ignora y aísla a los militantes inteligentes.
Crear un Gabinete con antelación, no sirve de nada. Que me perdone Elena
Poniatowska: he leído todos sus libros, pero a los 80 años qué puede hacer para
manejar con eficacia una Secretaría de la Cultura en estos tiempos tecnológicos
y ultra modernos que requieren de otros perfiles.
Se anuncia el Gabinete como el último impulso para ganar adeptos en sectores
como los colegios profesionales, que tienen agremiados de carne y hueso,
personalidades regionales, que muchos de ellos pudieran no compartir la
ideología del partido respectivo, pero sí sumar entre un 3 y un 5 por ciento de
votación agregada. Invitar a los cuates que ni opinan, ni piensan, ni saben dar
discursos, pero que acumulan fatiga biológica en su cuerpo, es la manera de
echar a perder las cosas.
El gabinete de Cuauhtémoc en el DF fue de primera magnitud. El de Marcelo,
igual. Pero el de AMLO fue pésimo: sólo había un Dios y no dio chance ni al
Espíritu Santo.
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